jueves, 19 de junio de 2008

AGUARDANDO EL MOMENTO SENSUAL




CICLOS, Exposición pictórica de Paul Barrios


El espacio yace allí al otro lado y es obvio que Paul ha penetrado en él puesto que a pesar del vacío la estructura existe. Leamos entonces la distribución del lugar, entremos. Por mi parte me topo con dispositivos individualizados que componen un sitio, son muebles, objetos, imágenes, sectores, piezas, fragmentos, ensamblajes al interior de lo visto. Hay lugar entre ellos y es posible el desplazamiento, aún más, toda el área invita. Pero es ilusión. Más allá permanece lo mismo, igualmente que más allá del planeta hay infinito cósmico.

Es mejor por consiguiente no salir, permanezco en esta zona que el artista nos propone y siento la dimensión íntima de los elementos. Puede que no sean meras cosas y podamos superar las limitaciones de nuestros ojos. Debo acomodarme y apreciar, relajarme hasta que el afán cese y lo otro se presente.

Quedo pues aquí en la obra de Paul esperando el aroma suave de lo femenino. No hay tensión, únicamente seguridad, ¿humildad?, convencimiento. ¿De dónde y cuándo vino esta impresión? Reposa fuera del cuadro, la situación en la que estoy permite solo certezas, sin embargo llama la atención aunque no sea más que elasticidad centrífuga, un centro que se estira, que se mastica. Se trata del famoso placer árabe y con esto recuerdo un fragmento del poema de Jim Morrison, “Una Plegaria Americana”: «Burla constante, concédenos una hora para la magia, Nosotros los del guante de púrpura, Nosotros los del vuelo de estornino y hora de terciopelo, Nosotros los de la raza del placer árabe, Nosotros los de la bóveda del sol y de la noche».

Ha llegado pues el olor de una dama embriagando las narices de la conciencia. El terreno se ha convertido en una obra y la cópula comienza. No vemos nada porque todo está oculto, no obstante recuerdo la imagen del hombre tumbado en su cama mientras una mujer descuidada recuerda vagamente su destino. Los dos salen juntos hostigados por la joven y retornan al centro de la fiesta. Subsiste esa comarca construida por Paul allá en la periferia aguardando el momento sensual, son ventanas que exponen lo que habita en el borde, telas por donde desnudar lo posible. La mujer es analogía factible del norte.

Terminemos aquí. No quiero ingresar más en lo que apenas comienza. Me agrada y me obliga a suavizar los instrumentos. Entiendo lo que sucede.

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